El protagonismo de los gitanos en la historia de la cultura española y andaluza, así como su situación actual en el contexto socioeconómico, interesan cada vez más, dentro y fuera de nuestro país. Se realizan estudios y análisis, su presencia en el mundo del espectáculo es buscada y admirada. Sin embargo, persisten en la comunidad gitana condiciones de vida de marginación y de racismo, con ejemplos contundentes que afloran de vez en cuando a la actualidad: lo que se le aguanta a un payo, en algunos momentos no se le tolera al gitano, y conocemos casos recientes de segregación racial.
Existe una tensión constante, un equilibrio buscado, entre su adaptación a una sociedad que no responde exactamente a sus formas ancestrales de vida y el constante peligro de la marginación y la segregación. En general, suele ser el gitano el que debe hacer el esfuerzo de adaptación, tal como viene haciendo desde hace siglos. Y el payo, con remordimientos y mala conciencia, intenta, aunque no siempre lo consigue, paliar esas dolorosas condiciones de vida. La verdad es que hay una deuda pendiente con los gitanos en nuestro país. Y si bien es cierto que siempre tratamos de huir de los tópicos, la realidad es que fuera de nuestras fronteras muchas señas de identidad de nuestra cultura y tradiciones tienen al pueblo gitano como elemento fundamental. Muchos años después del romanticismo de los viajeros extranjeros, que se quedaban fascinados con el “embrujo” de los ojos de las “bellísimas gitanas” que les decían la buenaventura, siguen los turistas buscando ese duende gitano del que sin duda han oído hablar, antes de aventurarse por un país que acoge a tan extraños ciudadanos.
Peregrinos en la Historia.-
A pesar de lo literario del referido duende y de su carácter de topicazo insufrible, algo tiene de especial este pueblo, que tanto invita a la leyenda y a la especulación. Y es que resulta difícil abordar lo que se relacione con él sin dejarse llevar por esa atmósfera de fábula y cuento exótico que siempre le ha acompañado.
Los gitanos aparecen en la Historia como originarios de la India, concretamente en el Noroeste, y habrían iniciado sus emigraciones hacia el año 1000 d.C. en dos direcciones: hacia Europa y hacia África. La razón de estas salidas no es demasiado clara. Unos dicen que coincide con el avance de los ejércitos mongoles mandados por Tamerlán, en cuyo caso se habrían visto lo gitanos en la necesidad de salir huyendo. Pero esto es menos probable que la segunda hipótesis que se maneja efectivamente su emigración hacia Europa coincidiría con la ofensiva mongol, pero no huyendo, sino acompañando al ejército de Tamerlán, como expertos artesanos. Esta versión parece casar con el carácter gitano, hábil y adaptable, por una parte, y aficionado a cambiar de lugar, a moverse inquietamente en busca de nuevas experiencias y posibilidades. Todo parece indicar que los gitanos fueron muy útiles a los ejércitos de Tamerlán que, dicho sea de paso, era un mongol culto y respetuoso. Ya entonces, se ven asociados con oficios que fueron practicando después durante siglos: herreros, esquiladores y cuidadores del ganado, sobre todo caballos y mulos de carga. Por alguna misteriosa razón no explicada, el gitano ama los caballos.
Conozco personalmente a un joven gitano que son su primer sueldo como camarero, en vez de comprarse una moto, como hacen los muchachos de su edad, lo que hizo fue comprarse un caballo, que pronto tuvo que vender ante las dificultades que tenía para cuidarlo y atenderlo.
Hungría, tan amenazada siempre por las invasiones de los aguerridos pueblos del Oriente, fue la primera etapa de un largo viaje hacia Europa. Allí se empezaron a reconocer como “cíngaros”, que une los términos con los que se les empezaba a designar: “cincaló” y “húngaro”. Comenzaba una leyenda que iba a traer las figuras de los cíngaros a numerosas composiciones musicales, óperas, danzas, etc., y por supuesto, a historias en las que la pasión, los ojos de la “bellísima gitana” y las artes adivinatorias, suelen estar unidas, como elementos característicos y definitorios de sus protagonistas.
Por otra parte, su presencia en Bohemia generó otra asociación de ideas entre gitano y un término que, de ser una mera localización geográfica, pasó a tener un significado relacionado con las formas de vida y la especial forma de ser de los gitanos. En tal sentido, existe una anécdota muy curiosa, de la Reina María Cristina, esposa del Rey Alfonso Xii, que decía que ella era gitana, porque confundía las dos palabras, gitana y bohemia.
Los “Condes del pequeño EGIPTO” aparecen en España.-
La fecha de la entrada de los gitanos en España está en torno al año 1415, pues existe el testimonio de un documento escrito y fechado en Perpignán. Un largo viaje los había traído desde la India, su tierra madre, hacia Europa. Este origen hindú no ofrece ninguna duda hoy por hoy. Hace algunos años se celebró en la India un congreso mundial de gitanos y fueron recibidos por el Gobierno de Indira Gandhi de manera oficial, como algo suyo, identificando su origen en el Valle del Indo, al Noroeste del país, donde se les conoce como “sindans”, lo que evoca el nombre de “gitano”.
Peregrinando desde Egipto.-
Les seguimos el rastro a los gitanos, en el momento de su llegada a España, gracias a los documentos que atestiguan la existencia de salvoconductos expedidos por los Reyes para que circulasen por el país. Estos permisos se exigían normalmente a todos los ciudadanos que se quisieran desplazar de un reino a otro, de un feudo a otro. El caso es que en 1425 don Alfonso de Aragón concede un salvoconducto de tres meses de estancia en España a un tal “Don Juan del Pequeño Egipto”, que viene al frente de un grupo.
Diez años más tarde, en 1435, aparece otro conde, esta vez “el conde Peregrino Tomás”, que también obtiene permiso para moverse por España. El motivo de dicha peregrinación podría relacionarse con el que aducirá en 1447 en Barcelona el “Duque del Pequeño Egipto”, Don Juan, que explica que viene en peregrinación al frente de un grupo de más de cien “egipcios”, como penitencia por no haber acogido en su tiempo a María y el Niño Jesús, cuando eran perseguidos por Herodes.
Otra versión de dicha peregrinación la relaciona con una orden papal de hacer penitencia por haber abjurado de la religión católica con ocasión de las invasiones turcas en su país de origen.
Fuese o no cierto que los gitanos venían peregrinando de verdad, el caso es que la excusa escogida produjo un efecto de respeto y buena acogida entre las autoridades y grandes señores a los que se dirigían. Recordemos que durante la Edad Media el peregrino era alguien muy respetado, que gozaba de no pocos privilegios y concesiones excepcionales.
CONTINUARÁ…
Autora: Mª Dolores Fernández-Fígares, periodista. Licenciada en Ciencias de la Información. Doctora en Antropología.
