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Mi historia

 

Mi vocación por la danza, y mi interés por otros temas como la filosofía, las distintas culturas y otras disciplinas artísticas, me han llevado continuamente a profundizar en la investigación de la danza oriental, tratando de encontrar la riqueza de elementos comunes. A través de estos elementos, he descubierto valores tan importantes como la belleza, la ética, la constancia, la estética y la armonía, no solo en relación a la danza oriental, sino también en relación a una manera de enfocar la vida.

Hace algún tiempo, leí de una filósofa a la cual admiro mucho, que todas podemos ser “artistas de la vida”. Creo que la verdadera esencia de ser artista consiste en ésto, más allá de si nos dedicamos profesionalmente o no, pues todas podemos entregar muchas cosas bellas que tenemos en nuestro interior, y que el mundo necesita al encontrarse sediento de ellas.

Mi raíz andaluza y mi pasión por el flamenco, me han dirigido hacia el encuentro de otras músicas, de otros sentires, y de otros bailes que se relacionan, encontrándome diversos lenguajes que se fusionan entre Oriente y Occidente. Agradezco a muchas profesoras que me han enseñado distintos universos, compañeras de tribu, amigas incondicionales, viajes maravillosos, libros sorprendentes, y mucho bagaje a lo largo de este camino del cual no quiero dejar de aprender nunca. 

 

A lo largo de más de veinte años impartiendo clases, he comprobado que la Danza Oriental enfocada desde un aspecto terapéutico, nos ayuda a concienciar un sentido más integral de la salud, mejorando nuestro bienestar y calidad de vida. La vida contiene un ritmo, y ese ritmo de la vida cuando lo perdemos se manifiesta como desequilibrio, ansiedad, y stress, provocando toda una serie de dolencias físicas, psicológicas y mentales. El movimiento nos ayuda a soltar nuestros miedos, nuestras rabias y nuestros dolores, transformándolos en belleza y alegría para nosotras, y para los demás. Bailando desarrollamos capacidades artísticas e interpretativas, mejoramos nuestra coordinación, memoria y psicomotrocidad, reeducamos nuestra higiene postural, potenciamos nuestro sistema inmunológico, desarrollamos nuestra flexibilidad, aumentamos nuestra autoestima y nuestras capacidades comunicativas, y encontramos nuestro propio eje interior, experimentando un sentido más armónico de la vida. 

Más allá de tener aptitud o no para la danza oriental, existe una danza interna que nos llama para poder expresarla: es la Danza de la Vida, la de tu propio Corazón, es la danza que te invita a conectar con la natural Esencia Femenina. Una esencia que nos habla de los ciclos, de la continuidad, y del sentido de la vida. Una esencia que nos impulsa a seguir bailando:  juntas, unidas y en Comunidad.

Gloria Godoy

#ComunidadDOT

#DanzarEsVivir