La historia de La Singla es realmente sorprendente no solo por su talento innato para bailar, sino por las circunstancias que le rodearon desde pequeñita y que siempre tuvo que superar. Antonia Singla Contreras, conocida como Antoñita La Singla, llegó a ser una de las grandes bailaoras gitanas del flamenco en los años 60. De abuelos franceses del Rosellón y Perpiñán, se crió en el Somorrostro de la Barceloneta. Al nacer, tuvo fuertes dolores debido a una meningitis quedándose sordomuda. Sin embargo, contra todo pronostico, la Singla empezó a pronunciar sus primeras palabras a los 7 años, aunque se cuenta que hasta la edad de los 16 no llegó a expresarse con fluidez. Se dice que Antoñita captaba las notas de la guitarra mediante las vibraciones graves que percibía y con mucho esfuerzo, fue venciendo el silencio que habitaba en ella con la libertad de su arte.
La pobreza la empujó a bailar rumbas, fandangos, bulerías y otros muchos palos del flamenco, adquiriendo una gran maestría. El compás lo aprendió de su madre, cuando la observaba tocar las palmas. Cuentan que enmudecían de asombro al contemplarla taconeando con sus pies volcánicos y a su aire. Un estilo propio, salvaje y genuino la caracterizaba, llegando incluso a ser considerada la sucesora de la gran Carmen Amaya. Triunfo por los mejores escenarios de toda Europa hasta que un día, su estrella dejo de alumbrar, retirándose a la ciudad del olvido.
La directora de cine Paloma Zapata se enamoró de su leyenda. Fue a buscarla a su retiro en Santa Coloma de Gramanet, en la periferia de Barcelona, donde ha pasado los últimos 40 años alejada del ruido público. El documental titulado“La Singla. Rompiendo el silencio” refleja toda su trayectoria artística.
La Singla ha vuelto a la vida, para que nunca más la borremos.
Gloria Godoy. Danza Fusión Oriental
